viernes, 18 de octubre de 2013

El Matrimonio. Elogio al fracaso.

De esas reflexiones en cama que se suceden con Fabián, indistintamente en la mañana o en la noche, surgen temas como este: El matrimonio, elogio al fracaso.

Un tema que surge y se pone sobre la sábana (¿o debajo?) dado que nuestros años de convivencia ya superan la década. Convivencia que no ha sido del todo pacífica, nadie ha dicho que la cosa sea sencilla, porque eso de vivir con gente es cosa seria.

Primeramente, tenemos a los egos respectivos que intentan apachurrar al otro y que solo con una dosis infinita de paciencia (de parte y parte) se van limando, a veces con esmeril, a veces con lima de uñas, estando dispuestos a aceptar y a ceder. A veces se saca callo, como solución temporal y se va evaluando si sigue siendo o no necesario. Cosa importante tener una capa a la mano, no me refiero a la de invisibilidad (aunque a veces no está de más), sino aquella con la que uno aprende a 'toriar' al otro, a hacerle el quite a puyas y palabras que en momentos de alevosía son como dardos venenosos, por los cuales no vale la pena sufrir, y superado el nivel de la capa ascendemos a la etapa 'matrix' donde, cual Neo, rápidamente aprendemos maromas para no ser heridos; al fin de al cabo son pataletas y las pataletas pasan.

Cada tanto surge una nueva situación que mueve un poco el piso, que desbarajusta, que desordena, pero sin eso la vida sería tan aburrida... Hay que temerle a la rutina y a la calma, pues son indicios de conflictos profundos que roen los cimientos y ahí sí que la cosa se complica. De las aguas mansas...

Miramos alrededor y pensamos que cuál es la vaina? ¿por qué la gente se junta y se desjunta tanto? Y surge la hipótesis:

"En esta mal llamada sociedad moderna, el matrimonió es considerado un sinónimo del fracaso"

Porque no es sino echar un ojito al lado y escuchar los dichos populares:
¿Eres casado o feliz? -- Más largo que un mal matrimonio.-- Casarse está bien, no casarse está mejor
Hoy marido, mañana arrepentido --- En martes ni te cases ni te embarques...

Será que pasa como en la pirinola, ¿todos ponen, todos pierden? Pierden la rumba de los viernes, la jartada con los amigos, la libertad telefónica y la económica, se pierde el acostarse con quien se quiera (o se vuelve antiético), se pierde la soledad, la independencia decisiva, la independencia económica y muchos (y muchAs más) terminan perdiéndose a sí mismos. Y ese es un punto clave, muchas personas dejan de ser quienes realmente son por complacer al otro, por pensar que las cosas "deben ser así", y dejan de salir, de hacer, de pensar, de sentir, y en este proceso se convierten en otra persona y con ello la relación también cambia porque de quién se enamoraron ya no existe o tiende a desaparecer.

El matrimonio para muchas personas, se construye desde la negación, un punto de quiebre entre el "antes podía" ... y el "ahora ya no", y no poder es igual a fracasar. Esa es una forma de asumir la vida, allá cada quién.

Desde que estamos juntos, para mí se acabaron las noches de pies fríos, las mañanas sin ronquidos, la soledad de las ideas, las palabras atragantadas, las lágrimas sin consuelo, los abrazos al aire, la unidireccionalidad, la rutina, monstruos de miedo, el lavamanos sin pelos

Para nosotros ha sido una suma, un juntar alegrías, soluciones, tiempo y palabra, sueños, ideales, ganas, fuerza, vida. Y esto siempre ha superado, y por mucho a lo no tan chévere que hayamos pasado.

Más de dos décadas de conocernos y nos seguimos amando. Muchísimo. Mucho más que hace algunos años. Para nosotros el matrimonio, alias convivencia o arrejunte, ha sido un triunfo con la vida y con nosotros mismos. Un elogio a la vida.


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