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sábado, 11 de mayo de 2013

Las mamás estamos mamadas!

¡Qué alboroto! ¡Qué revuelo! Hoy casi que ni se podía andar por las calles aledañas a los centros comerciales de la cantidad de carros y de gente. Aunque la crisis se siente, porque a pesar de ser una fecha con altas ventas se mantienen las ofertas en muchos almacenes, porque la gente entra a los almacenes y sale con las manos vacías, la ansiedad por comprar, por los regalos, la comida y las flores es altísima. Mujeres hermosas y "perfectas" (modelos que en su mayoría nunca han sido mamás) aparecen en los volantes y revistas promocionales de todo tipo de almacenes y todo tipo de productos que inundan los buzones, las paredes, las vallas publicitarias, la ciudad.

¡Qué horror! Estas fechas, así tengan un noble origen, son absolutamente comerciales: entre más caro sea el regalo que se de o se reciba, mejor hijo o madre eres. ¡Sólo una vez al año se acuerdan de las madres! Y para colmo quieren que nos regalen:
  • Cremas y maquillaje para vernos más jóvenes (es decir, estamos viejas y feas)
  • Lavadoras, estufas, neveras y demás electrodomésticos (para que seamos más eficientes haciendo oficio en la casa, porque como "solo las mujeres" arreglamos la casa...)
  • Ollas, muebles y remodelaciones para el baño (a ver!! Ese en un regalo para la casa y para toda la familia!)
  • Ropa (promocionada por mujeres de 20 años, 1.75 y 45kgms)
  • Viajes, flores, perfumes, cenas, spa (bueno, esto no está mal..)
Pero la cosa es que:
  • Primero: No debe haber un día para celebrar tener madre. Aunque no soy la hija más ejemplar agradezco profundamente el tener a mis padres y cada vez que puedo tengo un detalle con ellos. Cada día que mis hijos me dan un abrazo, me sirven un jugo sin que se los pida o me regalan un "te quiero", es un día especial.
  • Segundo: Las mamás estamos ABURRRIDAS de que nos usen como un objeto comercial para generar ventas de un pocotón de cosas que no son para nosotras sino para la casa.
  • Tercero: Qué queremos las mamás? Está bien una chaqueta nueva (porque la que tenemos ha comenzado a romperse) o un par de botas (de las que estamos prendadas hace meses), pero lo que realmente queremos es:
  1. Tiempo. Tiempo para descansar, para nosotras mismas, para consentirnos de la forma que deseemos como leer un libro (sin que nadie nos interrumpa por un par de horas), ir a cine, echarnos en la cama a escuchas música, bañarnos sin escuchar el grito de "mamaaaaaá"
  2. Que nos escuchen. Aunque crean que "se las saben todas" el dicho dice "más sabe el diablo por viejo que por diablo". Escuchar consejos no hace daño (así luego hagan lo contrario), pero eso sí, no dejen que nos quejemos de todo, esa maña no lleva a nada bueno.
  3. Que no tengamos que repetir toooodos los días la misma cantaleta. Si realmente quieren darle un regalo a su mamá propóngase hacer algo sencillo como "voy a tender la cama todos los días, con eso mi mamá no se desgasta diciéndome siempre que lo haga". Y si eres un hijo grande, puedes proponerte llamar a tu mamá cada 8 días e invitarla a comer cada 15 y si llevas algo a su casa levanta el reguero y lava la loza! Así de sencillo.
  4. Que nos consientan. Y eso no tiene nada que ver con compras. Queremos abrazos y besos, caricias, palabras amables como "por favor" y "gracias", y un "te quiero" de vez en vez no va nada mal.
  5. Que nos respeten. No se les ocurra decirnos que estamos gordas, viejas o feas o que "deberíamos" hacer algo que a ustedes les parece. Sugieran con cariño y con sutileza "podrías ensayar..." 
  6. No nos comparen. Esta fue la madre que les tocó, quiéranlo o no, así son las cosas así que aprendan a vernos lo bueno y dejen de restregarnos nuestros defectos. Y no vengan años después a reclamarnos por sus traumas, son SUYOS así que RESUÉLVANLOS. Que al final de cuentas, la madre que los crió no es la misma que somos hoy en día.
  7. Ámennos. Como merece ser amado todo se humano.
No es tan difícil.... CREO!


Y ahora la anécdota:

 Anuk me dice: Mamá, yo aun no te he hecho tu regalo de madre pero ya sé lo que te voy a regalar.
Yo le digo que muchas gracias, pero que para darme un regalo no es necesario que haya una fecha especial, que cualquier día me puede dar un regalo como lo hace con frecuencia. Que las fechas como el día del padre o de la madre son principalmente comerciales, que lo hacen para que la gente compre cosas que generalmente no necesitan. Que por ejemplo para el día de la madre quieren vender estufas y neveras como regalo para las mamás. Y soltó la carcajada! Se reía y repetía "estufas y neveras?"

Si una niña de 7 años puede entender que es absolutamente ridículo y absurdo regalarle a la mamá una estufa y una nevera, ¿cómo es que mucha gente y la publicidad no lo entiende?

martes, 7 de mayo de 2013

Madurez


Quiero decir que hoy soy una mujer feliz.

Que me veo al espejo y me gusto, con y sin ropa. Acepto mi cuerpo y lo quiero así, tal cual. Lo observo y veo el paso de los años, las estrías de los embarazos, mi vientre que no es plano, los gorditos y la piel que se comienza a caer por los años. Mi cuerpo tiene toda una historia que contar.

Los años de mi haber ya van por los 35. Ya no soy lo que se dice joven, pero me siento en mis veinte. He sobrevivido a mi propia estupidez y he encontrado la fortaleza en mi corazón, en el amor, en mi sexualidad, en el dar y el recibir, en el compartir. No he perdido el humor, el juego ni la risa, y mi mente creadora es hiperactiva. Y aprendo, todos los días.

Hablo con más gente, menor o mayor, y comprendo el punto de la vida en el que me hallo, y me siento completamente feliz. No me creo mejor ni peor. No me las se todas, ¡ni más faltaba! Cada vez que abro una ventana diviso un mundo infinito que no conozco, pero lo que sé, aunque muy poco, lo he aprendido bien. Reconozco mis habilidades y mis fortalezas así como mis falencias. Sé quien soy,  qué no soy, qué quiero. Tengo mis sueños, los míos, los propios y tejo mi camino hacia ellos. Decido, concientemente, cada paso procurando ser lo más locamente-coherente.

Me siento mujer en todo el sentido de la palabra: Yo, esposa, madre, hija, amiga, amante.

Mujer.

viernes, 12 de abril de 2013

¡ASÍ NO!

Cada día nacen más de 300.000 niños en todo el mundo. Cada día hay 300.000 mujeres pariendo.

Parir-Nacer. El punto de vida fundamental de la sobrevivencia de la especie, pasa hoy en día oculto.

Nuestras abuelas o bisabuelas parieron en la casa. Son solo 60 años los que han transcurrido para que las mujeres hayan terminado en un hospital, con médicos y enfermeras, líquidos endovenosos, monitoreos fetales e inducciones químicas. La medicalización del parto inicia 200 años atrás, pero sólo en las últimas décadas la gran mayoría de partos suceden en los espacios hospitalarios. Medicalizar el parto es un arma de doble filo, a mayor intervención mayor probabilidad de una complicación: contrario a lo que se cree, la cesárea no es más segura que el parto vaginal, las cesareas tienden a tener el doble de complicaciones. El 85% de los partos se suceden sin niguna complicación, es la pura naturaleza actuando, eso quiere decir que en términos reales solo un 15% necesita una atención especial, entonces, ¿por qué la tasa de cesáreas en Colombia es del 37% y en los hospitales privados es superior al 60%?

La mujer que está por parir por primera vez, ya sea porque haya iniciado trabajo de parto o sea porque éste va a ser inducido, llega con mayoritaria frecuencia al hospital con un total desconocimiento de lo que va a suceder. Ha recibido un "curso psicoprofiláctico" que es un dibujo tenue y borroso de lo que será el parto, que ha sido diseñado para que la mujer acepte como una cosa natural todos los protocolos e intervenciones médicas, un curso donde la condición humana de la mujer se desdibuja y se transforma en un objeto de manipulación médica.

Lo común a todas las mujeres que van a parir a los hospitales es la soledad y la indefensión.

Sola. En casi ningún hospital permiten con naturalidad el ingreso de un acompañante; en los privados por protocolo con la excusa de que "entorpecen las cosas", "los padres se desmayan con la sangre" o simplemente que el espacio no está dotado para albergar a estos "intrusos"; en los públicos ni se explica. A lo más dirán que no hay espacio, que atienden 40 o más partos al día y que esto se complicaría mucho más si además hay 40 acompañantes.

Indefensión. Es uno de los momentos de mayor vulnerabilidad en la vida de una mujer, en parte por desinformación, en parte porque hemos perdido la confianza y la sabiduría de parir como especie. La mujer está ansiosa, no sabe que está pasando ni qué va a pasar, por lo cual tiene muchísimos miedos, y dudas, y no hay nadie que le hable, que le de confianza, que la quiera, escuche y comprenda. No tiene más opción que confiar ciegamente en lo que le dicen médicos y enfermeras: que si no se deja hacer cesárea su bebé puede morir, que se quede quieta en la camilla o si no "es peor", que la anestesia es segura y así no va a sentir nada y su bebé va a nacer bien. Nadie la ve como un ser humano, nadie empatiza con ella, porque es solo un protocolo, un procedimiento mecánico, un contenedor el cual hay que desocupar sin importar el cómo, porque no es "alguien", es "algo".

Y hay que sumarle a eso los comentarios y las imposiciones de médicos y enfermeras: que no se queje tanto que cuando estaba haciendo el bebé ahí si no se quejaba, que parece que no va a poder parir porque es de cadera angosta, que se calme que está muy nerviosa, que no está respirando bien, que no se pare ni camine, que no tome nada.

En un espacio hospitalario una mujer en trabajo de parto es infantilizada, no tiene control sobre su cuerpo, no puede hacer lo que quiere, todo le es impuesto. Es como el primer día en el jardín de niños, uno no sabe por qué está allí, ni qué va a pasar, no entiende porque sus padres lo han 'abandonado' en ese lugar al cuidado de extraños y aunque trate de decir lo que quiere y lo que no, terminará haciendo caso, obedeciendo sin chistar, porque no queda otra opción, es un mecanismo de conservación.

Sobrevivir al parto hospitalario. Eso es lo que toda mamá espera. Que cuando tenga a su hijo en brazos y salga de ese lugar pueda desechar todos los miedos, angustias y rabia de lo vivido allí y dejarlos sellados en el último rincón del recuerdo, de la conciencia. Pensar que fue un momento horrible pero que valió la pena, esa es la reflexión que se hace cuando se ve reflejada en los ojos vivaces de su bebé. Optar por la resilencia, no queda más.

Pero muchas veces el camino no termina con la salida del hospital. La herida de la cesárea le recordará la experiencia un par de décadas, aun años después a veces duele o pica. La episiotomía, practicada sin su consentimiento, y en la mayoría de casos sin necesidad, le recordará varios meses que el episodio aun no está superado. La episiotomía arde hasta las entrañas, duele varias semanas al sentarse y al asearse, y se siente durante años cuando se tienen relaciones sexuales.

Para la mayoría este es un pequeño reflejo de lo vivido. No es una exageración. Son muy afortunadas las pocas personas que han pasado por una experiencia de parto hospitalario tranquilo y satisfactorio. Y por supuesto, siempre habrán médicos y enfermeras humanos que son luz en la oscuridad, pero son una reducida minoría.

No importa cuánto promulgue la OMS el parto respetado, no importa que la ley le otorgue a la mujer y a los papás derechos al momento de parir, todo cae en el olvido en las instituciones de salud. Así es más fácil para ellos. La salud se convirtió en un negocio cuando debería ser un servicio.

Pero esto puede cambiar a favor de las mujeres, los recién nacidos y los papás. Son las mujeres a parir las llamadas a reclamar sus derechos, a exigir a las instituciones su derecho a estar acompañadas e informadas, a un trato humano por parte del personal médico, a que se respete su cuerpo y no se haga nada sin su consentimiento, a decidir cómo parir porque acostadas no es la única y mucho menos la mejor posición, a estar bien atendidas sin que las asusten y sin que las convenzan a que permitan una cesárea sólo porque el médico quiere irse pronto a su casa.

Que los hospitales abras sus puertas al parto humanizado para que las mujeres de todos los estratos socioeconómicos puedan parir en el amor y que en caso de una dificultad o una emergencia, tengan todas las opciones que brindan la ciencia y la tecnología moderna para proteger la vida. Que se permita el acompañamiento de su pareja o de la persona que cada mujer elija y de una doula, para ser su soporte físico y emocional, para que su trabajo sea un complemento al trabajo desarrollado por los médicos y las enfermeras, para enseñar que sí se puede y que siempre hay otras formas de hacer las cosas.

Para que parir sea una celebración de la vida. ¡ASÍ SÍ!


sábado, 11 de agosto de 2012

Natal

Hoy hace 4 años nació Líam. Igual que con su hermana, su nacimiento fue planeado para que sucediera en casa con el mismo médico y la misma partera. Siento que lo disfruté mucho más que con Anuk ya que con ella fue la primera vez que parí, porque para mí, los partos hospitalarios, inducidos, acostados, no son partos, no son reales en el sentido en el que una no sabe realmente que pasa, no puedes escuchar tu cuerpo con claridad por la interferencia de los químicos, del ruido, de la presión médica, de los comentarios fuera de tono de las enfermeras, de esa situación de desprotección e impotencia que tiene una todo el tiempo en una habitación de partos de un hospital. El parto no intervenido nos hace tan poderosas como mujeres y como especie que tal vez, precisamente por eso, nos lo han robado por muchos años.

Pero dejemos eso de lado.

Lo que quiero decir, es que tengo muy presente el nacimiento de Líam. Fui conciente de cada momento, de cada sensación, del acompañamiento de mi partera, de la intensidad en mí, en todos. Llegando a un punto del trabajo de parto sentía ya mucha presión, demasiada para lo que había sentido con Anuk. En ese momento me invitan a la tina y el agua caliente funciona como un potente analgésico, la intensidad se va y me puedo relajar. Llega el momento del pujo. 1, 2, 3, 4? 4 pujos? y no sale y en cada pujo la partera dice ¡para! y el médico ¡no pares, sigue! Claro, él había visto algo que hasta ese momento ninguno más había visto: ¡Una mano! grita mi partera. Una mano? digo yo ahora, ¡un brazo! Caramba! Que tuve que pujar hasta que salió el codo o algo así! Fue duríiisimo sacar ese chino! Jajaja! En serio que fue duro. Tenerlo entre mis brazos fue maravilloso, era divino. No lloró. Se lo tomó con calma, suaaaave. comenzó a abrir sus ojos de poquito en poquito, aun con el cordón latiendo comenzó a respirar con calma. JA! Para ver al terremoto que es hoy en día! Jejejeje. Mi cachorro grandote, hoy cumple años.

Saben que le dio angustia cuando le dije hace unos días que iba a cumplir años? Se puso a llorar desconsoladamente diciendo que él quería seguir siendo chiquito... (hombres! ;) yo le dije que tranquilo, que siempre iba a ser el más joven de la casa y que por cumplir años su vida no iba a cabiar mucho, que seguía todo igual, que crece todos los días. Se calmó y se alegró.

Ellos crecen y nosotros con ellos (para no decir que envejecemos, jejeje)

miércoles, 5 de octubre de 2011

Maternidad Adolescente


En el periódico salió esta noticia y me devolví al pasado. Hay cosas de las que poco hablamos porque aunque haya pasado el tiempo y muchas heridas sanado, no son temas agradables. Yo fui madre adolescente. Iryna nació cuando  yo tenía 18 años. Aunque su padre biológico  era mucho mayor que yo, nunca "se cuidó", la que se ocupaba de eso era yo, con mis cortos 17 años y mi poca experiencia. La religión católica y la distancia formal con mis padres nunca permitió poner el tema del sexo sobre la mesa, el único consejo que recibí de mi madre era que la mujer debía llegar virgen al matrimonio (jajajaja, me disculparán, pero es que tal ingenuidad me parece bella y me hace reir). La instrucción que recibí en el colegio fue condón y píldoras, pero quién compra eso con su mesada de hijo?

Por mi olvido de ese día, supuse que era muy probable que quedara embarazada. Mis períodos han sido siempre muy regulares, así que cuando pasaron 10 días y no llegaba la menstruación, fui sola a hacerme la prueba. Ansiedad, sale el resultado: "positivo". Qué alegría que sentí! En ese momento no podía ni sentir miedo por el incierto futuro, lo único que sentía era la inmensa dicha de que iba a ser mamá, siempre lo había deseado, era el único plan de vida que tenía completamente claro.

Mi hermano participó por unos años en un grupo en contra del aborto, y del par de cosas que le debo agradecer a él es que me hizo ver las películas del grito silencioso y otro de abortos con inyección salina. El "padre" de la criaturita al recibir la noticia sugirió tomar aquel camino, a lo cual respondí categóricamente que esa no era una opción para mí.

Luego de pasada la primera alegre impresión, pasé a la angustia, la incertidumbre, la depresión. Pasan muchas cosas por la cabeza, irse de la casa ¿pero a dónde? ¿con quién? (curioso, pero no pensaba en irme con el 'padre' de Iryna) Pensaba que si tuviera alguien en otra ciudad... Y al final me sentí acorralada, sin salida, triste, sola, llorando y una tarde se acerca mi madre y me pregunta que qué me pasa.. y le cuento... espero que la vida me haya perdonado el haber hecho sentir tanto dolor a mis padres por mis errores. Mis padres son espectaculares, nunca han dejado de apoyarme, espero que las alegrías que les he dado en otras cosas y que les han dado mis hijos compensen y sobrepasen el dolor y la humillación que sintieron en ese tiempo. A pesar de que mi madre se quebró con la noticia, lo único que me mostró fue fortaleza, apoyo. Para mi padre fue una tragedia saber de mi embarazo. "Meter la pata" se dice aquí cuando una mujer queda  embarazada en un "momento no adecuado" Qué cosa! Algo que debería ser la mejor noticia del mundo, dependiendo de las circunstancias pasa a ser todo lo contrario. Aunque creo que pasa igual que con la muerte, nuestra reacción es aprendida, eso significa que puede ser modificada.

Yo miro atrás y lo que puedo apreciar con mayor nitidez es que él nunca me amó, fui "otra" de la lista, que le unía a mí la cama, pero más allá de eso nada. Con la presión de mis padres y buscando evitar la humillación familiar nos casamos por lo civil (¿por qué se casó él conmigo? lo que creo es que lo hizo para evitar una demanda o algo así porque no le hallo otra explicación). No entiendo cómo nadie salió a decirles a mis padres que el matrimonio para una nena de 18 años posiblemente no era la mejor opción. En fin. Comenzamos a buscar apartamento y nada se ajustaba ni al presupuesto ni a la calidad de vida que mis padres querían para mí, yo estaba bastante dispuesta a adaptarme a lo que fuera... miramos muchos sitios pero mis padres les dolía pensar en mí viviendo en espacios como los que vimos, así que fue un "pues viven en la casa" y así fue. Luego hay una historia de intrigas bastante desagradable, su ex llama a la casa y nos dice algunas mentiras a mi madre y a mí y otras a él (algunas de las cosas que decía eran verdad, como que era irresponsable y mujeriego) fueron meses de dolor que no vienen al caso. Lo único que vale decir es que se fue cuando Iryna tenía 4 meses. Simplemente un día no llegó y al abrir los cajones no había ropa.

Comencé a vivir sola cuando Iryna tenía 7 meses porque mis padres decían que ya con una nena debía hacerme cargo de ella y vivir como una familia, beba y yo. Y así fue. De los encuentros posteriores con su "padre" quedé embarazada de Cedric y cuando le conté, salió de mi vida como una mala película. Fue realmente un alivio.

Que la vida de uno es un antes y después de los hijos, total, más cuando tienes 18 años. Durante algún tiempo pensaba qué habría pasado de no haber tenido a Iryna, tal vez habría viajado, estudiado una maestría o doctorado afuera, como es la tradición de la familia, pero nunca imaginé nada más de eso. Renegar de la vida habría sido como renegar de mi nena y eso nunca lo hice ni lo haré. Que habría sentido menos dolor, pero ese parece ser el camino rápido de aprendizaje, me maduré a palo, a golpes, como decimos acá, pero todo fue fruto de las decisiones que yo misma tomé (con quién, cuándo y cómo). Pero, aunque fue difícil, ella siempre ha sido una luz en mi vida, una experiencia maravillosa de quien no dejo de aprender. De no ser por ella no sería quién soy, no viviría donde vivo, no pensaría como lo hago, no estaría mi esposísimo conmigo... Sería alguien completamente diferente, simplemente eso, diferente, ni mejor ni peor. Aunque en ese "ser yo" siento que todavía me pierdo... me faltó tiempo de adolescente para poder autodescubrirme, y ahora que estoy un pasito más allá de la primera crianza de mi chiquitín, siento que ha llegado el momento de hacer esa búsqueda, porque en ese sentido me miro y me siento de 18, tengo que decidirme, qué camino tomaré, el problema nunca ha sido ver caminos ¡veo muuuchos! En eso aun soy soñadora y volátil. He de decidirme por uno, ponerme metas y trabajar hacia ellas, aunque da temor 'errar los pasos', paraliza, tengo 10 años más de los que quisiera para comenzar esto... Espero seguirme encontrando...

viernes, 29 de julio de 2011

¿Hijos únicos?

He estado muy 'narrativa' con las últimas entradas, y aquí va otra por el estilo, tenedme paciencia =)

Estábamos el otro día con los chicos almorzando en un restaurantico cercano a casa. Hace poco pusieron TV así que acaba uno almorzando con el noticiero. Inevitáblemente termina uno viendo o escuchando pedazos de noticias. El titular "Los psicólogos recomiendan tener un solo hijo" nos puso alerta a Iryna y a mí, la nota decía que hace 40 años el promedio de hijos por familia era de 6, y que ahora es de 2 pero que los "expertos" recomiendan que las parejas tengan un solo hijo; luego pasaban al experto repitiendo esto mismo y a una madre de un hijo diciendo que es mucho mejor, que tiene toda la atención, todos los cuidados, que eso le da al niño más confianza. Y ahí brincó la fiera: ¡No señores, no fui yo la que bricó! Fue Iryna que abrió la boca y casi queda sin aliento luego de decir que claro, para que criar una generación de inútiles consentidos que no saben hacer nada porque todo les hacen, que son mimados, que no saben compartir, que no saben trabajar en equipo, que los padres trabajan exclusivamente para ellos y que creen que el mundo les tiene que dar todo lo que quieran.

No voy a discutir lo que dijo Iryna, se basa en su experiencia personal, con los compañeros de colegio que tuvo y de otras personas; mi inquietud va más por otro lado: Por qué un canal de difusión nacional hace este tipo de campaña? La TV tiene una muy fuerte influencia en toda la población, así que qué o quién está detras de una noticia como esta?

sábado, 25 de junio de 2011

Duelo a la maternidad

La maternidad ha sido siempre para mí una prioridad. Junto con el compartir la vida en pareja, son los dos desos innegables en mi vida. Desde que Líam cumplió un año mis entrañas volvieron a despertar, lo único que veía en la calle eran panzas y bebés... Y Fabián claro y firme en que los cuatro hijos que tenemos ya están bien, que si acaso en unos años pero ahora no, con un 'no' claro, amoroso e infranqueable.

Y así han pasado casi dos años; 5 meses desde el destete, mi bebé ya no es tan bebé, ya es más un niño que aunque le encanta que lo abrace y lo duerma, es bastante independiente, es capaz de bañarse, vestirse, comer solo, sin ayuda. Es un niño, hermoso. Pero en mí vuelve la necesidad física de tener un bebé, mis entrañas lo gritan fuerte y claro... hablo con Fabián, le explico que cuando estoy sola sentada en un bus me siento extraña y al revisarme buscando el por qué, encuentro que no tengo un bebé ni en mis brazos ni en mi panza; que sé perfectamente, racionalmente hablando, que con los hijos que tenemos hay vida por todas partes y en muchas formas, que sé que no debería pensar en tener otro hijo, y él me dice que yo para la maternidad no soy racional... y me desarma, no hay otra explicación, tiene toda la razón, para la maternidad no soy racional, soy instintiva, animal, física, básica, puro cerebro reptil.

Y ya siendo conciente comienzo el duelo a mi maternidad, a ver, aun más, tooodo lo que tengo con los hijos que ya están, con todo lo cambiaría si llegara un nuevo habitante a esta casa y especialmente a mi vida, ya que va siendo hora de crecer y desarrollarme un poco más en otras áreas. La maternidad ha sido también una forma de evadir, de aplazar, de esconderme. He aprendido tantas cosas con mis hijos, nunca pararé de hacerlo, pero algo tiene esa primera infancia que no quiero soltar...

Cuando voy por la calle y veo a los bebés llorando desconsoladamente en el cochecito, pensando que tal vez los padres no conocen el porteo, o cuando veo que a un bebé le están dando biberón no puedo dejar de pensar que tal vez a la madre no le enseñaron todas las ventajas de la lactancia, o tanto pañal desechable cuando ahora los de tela son fantásticos, o las estupideces que les dicen a las mujeres embarazadas fruto de la ignorancia popular, o el pensar que un antibiótico o un analgésico son la cura a todo mal porque ya no saben de las plantas y sus bondades, porque lo que no se vende etiquetado y con grandes anuncios en los medios masivos de comunicación pareciera que no existe, para la mayoría.

Así que comprendo perfectamente que no es el momento de otro bebé y cada vez soy más conciente y calmada con el tema... pero qué hago con toda esta información que tengo (y que considero valiosa) y que no puedo refrenar?

Cuando era niña, quería ser médica, una médica de pueblo, para sentir a la gente cerca y poder acompañar y ayudar a encontrar salud y bienestar. Cuando llegó el momento de decidirme hacía rato había dejado eso a un lado, una carrera demasiado extensa (con la especialización), costosa (de no ser en universidad pública en la cual los puestos son peliados), y en decadencia (como profesión, deshumanizada y económicamente desalentadora). Así que digo hoy, maravilloso poder estudiar para ser doula o partera... pero como con Iryna, aquí de eso no hay. Dentro de la 'nueva maternidad' el rescate de las parteras y comadronas son un punto fundamental. Alguien conoce opciones, instituciones (ojalá a distancia o semipresencial)? Bueno, ese no era el tema del post, pero pienso que esta sería una forma de canalizar positivamente mi "adicción" a la maternidad.

domingo, 19 de junio de 2011

Una Nueva Maternidad

Este es el título del libro recientemente públicado en España que recoge la experiencia de 15 madres bloggeras. Ileana está rifando un ejemplar y de encime da también un libro para los peques. Para apuntarnos al sorteo nos invita a hacer una reflexión sobre ese término "nueva maternidad" así que aquí voy.

Yo diría que la nueva maternidad no es la nueva, es la vieja. Es volver a muchas prácticas que se perdieron con el tiempo, con la "civilización", con la medicalización de la maternidad, del parto y de la crianza. Es mirar al ser humano como lo que és, un animal, y retomar sus principios etológicos para aplicarlos a nuestra vida cotidiana. Pero más aun, el homo sapiens es un animal inteligente y pensante, así que sumado a nuestra raíz fisiológica y comportamental está todo el conocimiento científico que se ha producido para sustentar lo que muchas mujeres pensamos y sentimos alrededor de la maternidad, del parto en casa, de la lactancia prolongada, del colecho, del porteo, y un largo etc.Volvemos a lo natural, a lo fundamental con el apoyo de la ciencia: conocimiento tradicional + conocimiento científico.

Ya con mis crios esa primera infancia está superada. Pero mis "genes de mamá" siguen activos. Cuando voy por la calle y veo un bebé pequeñín llorando a todo pulmón en el cochecito, o tannnto biberón, o los padres enredados porque no saben como coger a un peque de menos de cuatro meses para subirse a un bus, o tanto mito, tantos cuentos tontos de qué se debe y que no hacer alrededor del embarazo... Me incomodo, me copo, ¡Hay tanta ignorancia! Y uno tiene algo de información que podría ayudar en todo eso, pero, por respeto me ahorro mis datos y comentarios. Pero sí quisiera hacer más... así sea en unos años... ¿alguien conoce una buena escuela de doulas? ;)

miércoles, 9 de febrero de 2011

Fin de la Líam-lactancia

Luego de mucho hablarlo, verlo por todos lados decidí iniciar yo con el desdete. La cosa es que este nene en lugar de dejar tomas últimamente parecía ir en aumento y yo ya no doy más. La lactancia ha sido lo más bello pero llevo dos años y medio despertándome tres, cuatro o más veces en la noche por su lactancia a libre demanda. Estoy agotada. Llevamos dos semanas en el proceso no ha sido fácil pero ya las dos últimas dos noches ha despertado sólo una vez de madrugada. ¡Qué dicha! Obviamente aun tenemos una o dos pataletas al día pero cada vez lo va entendiendo más y ahí vamos. Claro! Todavía lo duermo, lo envuelvo en un cobertor y le canto, no siempre funciona, pero cuando lo acepta disfruta mucho de ese mimo.

lunes, 11 de octubre de 2010

Lactancia Respetada

Dos años y lactando... Para algunos es un absurdo. Un amigo médico dice que la leche materna a esa edad alimenta menos que "el agua de tubo", y aunque me causa risa porque estos comentarios parten de la ignorancia, a la vez me entristece porque si los médicos piensan así qué podemos decir del público en general.

La lactancia "prolongada", como se ha denominado oficialmente, es una situación poco frecuente dentro del mundo occidental. "Destete ese chino o si no la va a destetar a usted" es el dicho colombiano para tales casos. La lactancia pasó a ser vista como algo no natural; por favor! si lo que muestra la televisión y la publicidad es que lo más natural del mundo es dar biberón, cómo se le ocurre a alguien pensar que no es así!
Así que la lactancia, una práctica de lo más natural ya que de ella depende la sobrevivencia de la especie, se convierte en una cosa difícil, misteriosa, oculta para muchos.

Es por eso que me uno a la campaña que impulsa Ileana desde Tenemos Tetas. Por ello encontrarán a la derecha el logo, y aunque no me guste mucho etiquetar ni etiquetarme, la vida me me ha hecho lactivista!

jueves, 2 de septiembre de 2010

Sobre Lactancia y algo más

Aunque no acostumbro publicar cosas que no sean de mi autoría, esto vale la pena. Esta es una entrada de Ileana de su blog "Tenemos Tetas" quien está comprometida con la lactancia materna y tiene una visión de ésta que va muchísimo más allá de la simple nutrición. Con su permiso, siguiendo las reglas de la netiqueta, pego su post completico. 

Nos necesitamos unas a otras

Por Ileana Medina Hernández

He estado releyendo la historia de lactancia prolongada que publiqué en el post anterior, y luego he descubierto la que sobre los inicios de su lactancia cuenta Cristina Pemán, en su blog Madres Rebeldes.

Mientras más conozco historias de este tipo, más me pregunto cómo es que, finalmente, muchas madres logramos amamantar en un entorno cómo este. No me curo de espanto, no dejo de asombrarme. No deja de ser un milagro que existan lactancias, largas o cortas, dadas las circunstancias.

Basta con leer la historia de Cristina, para saber por qué triunfa la industria del sucedáneo.  No es culpa de las madres, claro está. Si la realidad fuera la que describe Irene en su post, no necesitaríamos ser heroínas ni sabias, solamente necesitaríamos dejarnos llevar por la naturaleza y el instinto.

Cristina da un consejo aragonés: No reblar, no retroceder, no cejar en el empeño. Pero es que no cejar ante tamaños obstáculos, a veces puede ser sencillamente imposible.

Te encuentras con la cesárea, con la separación en el hospital, con las pezoneras, con los sacaleches, con los comentarios de todo tipo... No cejas. Sigues insistiendo. Pasa una semana, aparecen las grietas, las mastitis (¡el único especialista español en mastitis es un veterinario!)... Pasan dos semanas, vas al pediatra y te dice que tu hijo no ha subido de peso, y que hay que dar un "refuerzo". Logras hacer oídos sordos a la recomendación del pediatra y a la de todo quisqui que te dice que no sigas... Pero tú, no reblas. Pasa el primer mes, y al fin, sientes que tu pecho ya no te duele. Estás agotada, no duermes ni dos horas seguidas, tu marido ha vuelto a trabajar y te pasas todo el día en casa sola con el niño, sin peinarte y sin vestirte, sin poder soltar al niño porque llora, sin poder ni hacerte de comer, con vecinas que te "aconsejan" que lo dejes llorar pero que no te acercan un plato de sopa... Pasan dos meses, y al fin, tu oferta de leche se regula a la demanda del niño, y ya no chorreas leche por doquier, ni necesitas discos de algodón. Empìezas a respirar.

Llega el cuarto mes, y al fin, sientes que la lactancia puede ser un placer. Que ha valido la pena llegar hasta aquí. Has aprendido a conocer a tu bebé, ya está más "durito" y ríe a carcajadas, y quizás hasta aguanta tres horas entre toma y toma. Comienzas a disfrutar de la maternidad, y entonces, tachán tachán, toca volver al trabajo. La separación por la mañana te deja una angustia en la boca del estómago que no se te quita en todo el día. Te sientes como una piltrafa.  Tienes que ir a sacarte leche al baño de la oficina. Ese puto sacaleches no va contigo. Por la noche, no vales para nada. Necesitas descansar, porque tienes que levantarte a las 7 de la mañana para irte al trabajo. Imposible. ¡Con lo fácil que es darle un biberón repleto de leche con cereales a ver "si aguanta más"!

Lactancia concluida, me rindo. No puedo más. Que no me pida nadie más, por favor. El bebé se enferma: somatiza las largas horas de separación, acusa la falta de defensas de la leche materna, no sale de una otitis para entrar en una bronquitis... tengo que faltar al trabajo, el jefe me va a echar.

O no, tengo suerte y apoyo, y descubro que es posible trabajar y seguir amamantando, que la lactancia es un placer mucho más allá del alimento, que es un modo excelente de resarcirnos por las largas horas de separación, que quiero amamantar hasta que a los dos nos dé la gana, que lo protejo de las enfermedades de guardería, que estamos disfrutando: y entonces todos los aguafiestas de turno te dicen que hasta cuándo, que si no te da vergüenza, que va a mamar hasta que vaya a la universidad, que traerá problemas en el futuro, que lo estás "malcriando"....

Algo está mal en todo esto. Y no es dentro de nosotras las madres. Es desde luego el sistema. Y es el sistema el que hay que cambiar. Insisto, insisto, insisto a lo largo de todos los artículos que he escrito en este blog: las mujeres teníamos que llegar al sistema laboral para cambiarlo. Las mujeres teníamos que acceder al conocimiento (más importante el derecho a saber que el derecho al trabajo, que al fin y al cabo no es más que el derecho a que se nos explote como mano de obra), acceder a la cultura, al conocimiento -hasta ahora bien oculto- sobre cómo funcionan nuestros propios cuerpos y cómo funcionan los bebés humanos para cambiar el sistema laboral, productivo y social y hacerlo más humano, compatible con la crianza y el bienestar de los bebés y los niños pequeños.

En eso, deberíamos estar todas de acuerdo. Dejar de "sentirnos atacadas", dejar de criticarnos unas a otras, dejar las batallitas entre las "que dan biberón" y "las que damos pecho", entre las "orgullosas profesionales" y las "talibanas de la teta", y trabajar todas juntas para transformar el sistema productivo-laboral.

Nos necesitamos unas a otras: necesitamos a las mujeres que están en los puestos directivos, a las que tienen influencia política, a las que dirigen empresas, a las intelectuales, a las periodistas,  a las investigadoras científicas, a las maestras, a las profesoras universitarias, a las pediatras, a las matronas y a las psicólogas, a las obreras y a las limpiadoras, a todas las que trabajan largas jornadas y saben bien que el precio de no estar con sus hijos es demasiado alto: ¡las necesitamos para darle un vuelco el sistema!

Necesitamos a las otras: a las que interrumpen sus carreras y se quedan en casa varios años cuidando a sus hijos, a las que logran amamantar durante 5 ó 6 años, a las que hacen pasteles y eligen cada día la mejor comida sana para sus hijos, a las que se atreven a educar a sus hijos en casa, a las que tejen primorosas mantas, a las que cultivan una huerta ecológica, a las que comparten la cama con sus hijos, a las que esperan con la comida tibia y el abrazo disponible, a las que después de hacer carreras con sobresaliente cum laude mandan todo a la mierda y se van a un pueblo a plantar tomates y cuidar de su familia, a las que aceptan trabajos muy por debajo de sus capacidades para poder cuidar de sus hijos; a las "talibanas" de la teta, el colecho, el apego, el porteo y la "maternidad perfecta"; a las "espirituales" que nos muestran hasta dónde podemos llegar si nos lo permitimos y creemos en nosotras mismas; a las "sacerdotisas" que nos enseñan los secretos ocultos de la femineidad y la maternidad, las honduras que desconocemos de nosotras mismas; a las amas de casa sencillas que se quedan en casa haciendo malabares para llegar a fin de mes...¡las necesitamos para cambiar el sistema!

Necesitamos también a los hombres: a los amantes, a los amigos, a los padres de nuestras criaturas, a los que se quedan cambiando pañales, y a los que curran 15 horas al día para que no "nos falte de nada". A los sensibles, a los que quieren crecer, a los que quieren un mundo más amable. (Y ya no sigo, que sino esto va a parecer un anuncio de Coca Cola).

Necesitamos equilibrar la balanza. Lo que no es posible ni humano es que todos, hombres y mujeres, trabajemos de sol a sol como mano de obra esclava, mientras nuestros hijos se crían solos, tragamos comida basura, no tenemos tiempo ni para respirar, carecemos de vida íntima y nadie calienta el fuego del hogar.

Nuestros hijos necesitan y merecen compañía, familia, afecto, comunicación, alegría, comida saludable. Nuestros hijos merecen un hogar donde nutrirse física y emocionalmente, donde ser respetados y queridos, donde no se hable de rendimiento ni de competitividad, sino de amor y libertad.

El futuro lo merece. Trabajemos todos, juntos, para ello.

jueves, 19 de agosto de 2010

Las ventajas del colecho

Este es un problema que no se presentaría si hubiera una práctica generalizada del colecho, si recordáramos que como especie necesitamos el calor de otro cuerpo para acurrucarnos en la noche confiados y felices.


Y es que a quién le gusta dormir solo, en una jaula de barrotes, frío, con miedo.... Qué mamífero pone a dormir a sus crías en etapa de lactancia (que para la especie humana biológicamente hablando, va hasta los tres años y más) en otra cueva? Si negar nuestra naturaleza es ser civiliados, pues yo vuelvo a la edad de piedra. En el video el instinto del papá le dice que se acueste a dormir con su bebé, y todo se soluciona... hasta cuando él quiere dejarlo de nuevo solo.

Líam ya tiene dos años y aun duerme con nosotros. No cambiaría sus piecitos calientes sobre mí por nada. Cuando me voy a dormir le digo a Fabián que hay un hombre (que no es él) que me espera en la cama, jejejeje

miércoles, 21 de julio de 2010

Déjela en la cuna, usted necesita descansar - Duerma con él para que el bebé no sienta frío.

(No es el post más inspirado, pero... no todos los días la musa llama a la puerta y hoy la mía se quedó dormida)

Por recomendación de Ale de Cuatro en la Cama, llegué al blog de Luz: De boca en boca y me ha dejado mucho para pensar y quiero compartirles un poquito.

Mi madre nos crió con la medicina moderna de la cuna, el tetero, el coche y la independencia. Lactancia máxima hasta los 8 meses, luego al biberón (aunque a mi me lactó hasta los 5 meses y nunca recibí el tetero). En la cuna hasta los 8 meses y luego a dormir en cama grande solos (ya me explico mi pánico a la soledad y al abandono, del que sufrí muchos años, y una parte de mi miedo a la oscuridad). A la generación de nuestros padres les tocó una fuerte oleada de medicalización de la vida y los médicos eran casi dioses, así que su palabra era ley, ¿quién podría dudarlo?

Cuando nació mi niña mayor (mi "hija de indias"), la frase de la enfermera fue "Déjela en la cuna, usted necesita descansar". Durmió en la cuna como 5 días, y luego de sufrir el levantarse 4 o 5 veces cada noche, pararse, sacarla de la cuna, sentarse, darle de comer, acostarla, acostarme, fue evidente para mí que eso no era lo más práctico. Así que pasó a la cama conmigo, calientita, abrazada y lista para comer sin tanto complique. Yo la alzaba mucho y mis padres me decían que "se iba a acostumbrar a brazos", y aunque quise, no les hice mucho caso. Iryna durmió conmigo hasta que nació su hermano.

Cuando nacio Cedric la enfermera me dijo "Duerma con él para que el bebé no sienta frío", y así lo hice. Iryna paso a dormir en cama grande y yo seguí acompañada de mi mono hasta los 3 años más o menos.Y la cuna, que fue la de mis hermanos y también la mía, se quedó guardada.

Los dos pequeños durmieron con nosotros desde el primer momento. Líam con casi 2 años sigue a mi lado y así será por lo menos hasta que lo deje de lactar. Anuk, aunque tiene cama propia en el cuarto de al lado, sigue durmiendo casi todas las noches en una camita baja que tenemos pegada a la nuestra.


Venimos de una corriente que cree en dejar llorar los niños, en el biberón, en el cortar los lazos instintivos y biológicos que nos llevan a proteger a nuestros bebés, ¿cuáles fueron los ideales de quienes iniciaron este desquiciado proceso?

Pocos, creo yo, nos hemos salvado de caer otra vez en lo mismo. Pocos (al menos en donde vivo), practicamos colecho, porteo y al menos algunas cosillas de crianza con apego. Yo veo a mis hijos y no puedo evitar comparar los pequeños y los mayores; a los pequeños los veo más seguro, confiados, tranquilos y autosuficientes. A los grandes (a pesar de ser grandes), más apegados, temerosos y frágiles.

Aprender de los errores, seguir adelante, reevaluarse cada día, reparar si lo permitimos. Vivir.

lunes, 31 de mayo de 2010

Sobre partos y derivas...

Leyendo hoy la entrada de Vero viene a mi mente una serie de conversaciones que hemos tenido con Fabián alrededor de lo que es el nacimiento.

Los que nos han leído saben que nuestro hijos mayores nacieron en clínica, la mayor por parto vaginal hospitalario y el segundo con cesárea; y los pequeños nacieron en agua, en la casa, en familia, con médico y partera a bordo. Esta situación nos llevó a varias reflexiones.

El nacimiento, aunque siempre ha estado condicionado por cada cultura con rituales e ideales, en la medicina occidental se ha "privatizado" el parto hasta tal punto que llevamos varias generaciones que jamás han visto un nacimiento. Esto ha llevado como resultado a una completa desinformación y falta de cultura; jóvenes y adultos  no saben en qué consiste el hecho de parir, qué ocurre con el cuerpo de la mujer, qué se puede se debe o no hacer con una mujer en trabajo de parto. La televisión ha vendido la ridícula idea de que todos los partos son un AY! seguidos de PUJE, y para fuera el chino, que a la primera contracción la mujer se parte del dolor y que hay que salir corriendo al hospital o sino se corre el riesgo de que "se salga" en un lugar poco  apropiado.

Todo comienza con la pregunta con la primera cita al médico (que en Colombia puede ser médico general, no necesariamente un especialista) donde la mujer es sometida a un interrogatorio largo, tedioso, incómodo (cuándo se desarrolló, a qué edad fue su primera relación, con cuantos ha tenido relaciones...), datos que desde el punto de vista médico pocas veces aportan algo útil, hasta que llegamos a la pregunta ¿Cuándo fue su última regla? Cuentan los días y dan una fecha "posible" de parto. Ya llegando a esa fecha marcada con rojo en el calendario los médicos se ponen ansiosos, más que las mamás porque dicen que después de la semana 40 pueden haber muchas complicaciones y que para evitar riesgos mejor se induce el parto, negando al niño y a la mamá la posibilidad de tener un parto a su medida.

Cada parto es diferente y muchos ignoran que es el niño el que inicia el trabajo de parto. Es el bebé quien dice "Mami! Ya estoy listo!" y desencadena toda la actividad química en el cuerpo de la mujer. Pero con esa manera tan escandalosa de inducir los partos los bebés nacen antes de tiempo (así sean solo una o dos semanas), pero el hombre en su infinita arrogancia cree poder controlar un acontecimiento tan natural y maravilloso como el nacimiento, y somete a madre e hijo a atropellos, indiscreciones que llegan a niveles de tortura. Uno de los espacios en que se trata con indignante irrespeto es en esa sala de trabajo de partos donde las mujeres son infaltilizadas y reducidas a seres inconcientes, ignorantes y tontas, conectadas a cables, sin poder casi moverse y escuchando comentarios imprudentes de médicos y enfermeras. El bebé nace y lo bañan, vacunan, sondean, visten, cuando lo único que quiere es mamá y teta, y es lo único que en ese momento necesita. Un parto invisible, escondido, revelado en una cifra para corroborar la tasa de natalidad.

Yo he parido en la comodidad de mi casa pero nunca he visto nacer a alguien, propiamente dicho. Mis hijos y mi esposo han tenido ese lujo de experiencia, y al ser vivido en colectivo es algo que se recuerda con amor y jamás se olvida. El sólo pensar en esos momentos se me llena el corazón de alegría.

Colombia es un país de violencias y tal vez aquí hay más gente que ha visto morir a una persona que los que han visto nacer a un bebé. Y es sólo una idea, pero si las cifras se invirtieran tal vez las cosas serían un poco diferentes.

viernes, 14 de mayo de 2010

Recuerdos de Nacimientos

Estaba leyendo este post de Tenemos Tetas que me dejó pensando en muchas cosas…

Iryna nació en el hospital, común y corriente, es decir, con oxitocina, episiotomía, la alejaron de mí no más al nacer, el médico jaló la placenta, le dieron un “teterito” porque yo “de pronto” no tenía nada que darle… En fin, como es un nacimiento en casi todo el mundo “civilizado”.

Pero si esto fue feo con Cedric me fue peor, venía con circular de cordón y se le bajaban las pulsaciones con cada contracción, así que decidieron hacerme cesárea, pero a penas el médico cortó la piel me dolió y cuándo lo dije dio la orden para que me pusieran anestesia general. No alcancé a decir nada cuando se me cerraron los ojos. Así que no supe nada de cómo nació él. Me desperté dos horas después. Al segundo día en el hospital la pediatra pasó a revisar al gordo y dijo que lo tenían que llevar a hacerle unos exámenes… se lo llevaron, me lo arrancaron todo ese día y yo lloraba y sentía que me moría. Lo dejaron en el cuarto de recién nacidos donde absurdamente solo dejan a los papás entrar como una hora al día. Entré para darle de comer y era tanta mi ansiedad que no lo veía… Estaba todo, todo su cuerpecito brotado, le habían cambiado la ropita que con tanto cariño le habíamos preparado para esos primeros días… estaba muerto de hambre… siempre ha comido con muchas ganas y con mucha ansiedad. Casi me enloquezco cuando me dicen que “de pronto” el niño se tiene que quedar, que yo me vaya solita para la casa. Y todo porque tenía un soplo funcional (que no es nada grave y que se le cerró a los tres meses) y porque no fueron capaces de hacerle rápidamente  una radiografía para evaluar la situación. Los médicos se apoderaron de nuestra vida por dos días, sin más, y no hubo nada que pudiéramos hacer.

Con Iryna hemos tenido muchos puntos de encuentro a través de los cuales hemos podido curar heridas viejas y continuar. Pero con el mono siento que cada vez está más lejos y no es sencillo, porque a veces no sé qué paso dar, por dónde acercarme,  y tengo un carácter difícil que no modero como quisiera. Y leo a Ileana y pienso que hasta dónde una parte de lo que está pasando con Cedric tiene una raíz en ese nacimiento tan poco natural, tan distante, frustrante y violento para los dos.

Por otra parte pienso en mí misma y en mi propia madre, que sólo me lactó hasta los 5 meses, que me puso a dormir en cuna desde el día en que nací y a los 8 meses me sacó de su cuarto y me puso a dormir con mi hermana, y que nos ha trasmitido sus afectos a través de alimentos y ropa hecha por ella, pero no por caricias y yo siempre con esas ganas de abrazarla y de dejarme abrazar… La entiendo, sé que eran modas de la época, la medicalización de la maternidad, su majestad la ciencia, y no hay cabida para echar culpas, no es que tenga rencor o algo semejante (lo hubo sí, pero hace años, eso ya pasó). Lo que yo siento es que a mi niña interior todavía le hace falta un abracito, que se resignó por la fuerza de la costumbre, pero que nunca ha dejado de extrañarlo. Y en estos días me hace tanta falta…

Quien era qué decía que tener un hijo era comenzar a comprender a nuestros padres... Todos cometemos errores como padres, la tradición es tratar de no cometer los mismos de los propios (jeje), pero igual todos nos equivocamos en muchas cosas de la crianza, por ignorancia, por falencias, por orgullo…

domingo, 25 de abril de 2010

Leche y publicidad

No he escrito nada sobre embarazo o lactancia porque, se supone (jejeje), que ya estoy en la recta final de estos procesos. He lactado a mis hijos hasta pasado el año y medio (que para los estándares colombianos es muchísimo) y ha sido una de las experiencias más hermosas y reconfortantes de mi vida. Soy una defensora de la lactancia y aunque ya estoy saliendo de esta etapa, me sigo documentando porque hay cosas por aprender y que espero poder compartir con mi hermana y mis hijas. Uno de los blogs que sigo es el de Tenemos Tetas, donde permanenetemente publican información muy interesante. Recientemente publicaron un artículo donde hacen una larga exposición sobre cómo hace más o menos 50 años la industria le cambió la mentalidad a la gente para que lactara menos a sus hijos y pasara a usar leche de fórmula o leche de tarro, con todas las desventajas que esto conlleva, pueden leerlo AQUÍ.

La publicidad es una forma genial de hacer antropología, siempre me ha gustado porque nos devela la forma de pensar y el momento de la sociedad en que se realiza. Ordenando, encontré una revista de una amiga, una IDEAS de 1986 y vean esta joya que me encontré, la marca la dejo a vuestra imaginación...