jueves, 31 de octubre de 2013

Rani Potter

Obra de Anuk y Líam...

¡Feliz fiesta para todos!


viernes, 18 de octubre de 2013

El Matrimonio. Elogio al fracaso.

De esas reflexiones en cama que se suceden con Fabián, indistintamente en la mañana o en la noche, surgen temas como este: El matrimonio, elogio al fracaso.

Un tema que surge y se pone sobre la sábana (¿o debajo?) dado que nuestros años de convivencia ya superan la década. Convivencia que no ha sido del todo pacífica, nadie ha dicho que la cosa sea sencilla, porque eso de vivir con gente es cosa seria.

Primeramente, tenemos a los egos respectivos que intentan apachurrar al otro y que solo con una dosis infinita de paciencia (de parte y parte) se van limando, a veces con esmeril, a veces con lima de uñas, estando dispuestos a aceptar y a ceder. A veces se saca callo, como solución temporal y se va evaluando si sigue siendo o no necesario. Cosa importante tener una capa a la mano, no me refiero a la de invisibilidad (aunque a veces no está de más), sino aquella con la que uno aprende a 'toriar' al otro, a hacerle el quite a puyas y palabras que en momentos de alevosía son como dardos venenosos, por los cuales no vale la pena sufrir, y superado el nivel de la capa ascendemos a la etapa 'matrix' donde, cual Neo, rápidamente aprendemos maromas para no ser heridos; al fin de al cabo son pataletas y las pataletas pasan.

Cada tanto surge una nueva situación que mueve un poco el piso, que desbarajusta, que desordena, pero sin eso la vida sería tan aburrida... Hay que temerle a la rutina y a la calma, pues son indicios de conflictos profundos que roen los cimientos y ahí sí que la cosa se complica. De las aguas mansas...

Miramos alrededor y pensamos que cuál es la vaina? ¿por qué la gente se junta y se desjunta tanto? Y surge la hipótesis:

"En esta mal llamada sociedad moderna, el matrimonió es considerado un sinónimo del fracaso"

Porque no es sino echar un ojito al lado y escuchar los dichos populares:
¿Eres casado o feliz? -- Más largo que un mal matrimonio.-- Casarse está bien, no casarse está mejor
Hoy marido, mañana arrepentido --- En martes ni te cases ni te embarques...

Será que pasa como en la pirinola, ¿todos ponen, todos pierden? Pierden la rumba de los viernes, la jartada con los amigos, la libertad telefónica y la económica, se pierde el acostarse con quien se quiera (o se vuelve antiético), se pierde la soledad, la independencia decisiva, la independencia económica y muchos (y muchAs más) terminan perdiéndose a sí mismos. Y ese es un punto clave, muchas personas dejan de ser quienes realmente son por complacer al otro, por pensar que las cosas "deben ser así", y dejan de salir, de hacer, de pensar, de sentir, y en este proceso se convierten en otra persona y con ello la relación también cambia porque de quién se enamoraron ya no existe o tiende a desaparecer.

El matrimonio para muchas personas, se construye desde la negación, un punto de quiebre entre el "antes podía" ... y el "ahora ya no", y no poder es igual a fracasar. Esa es una forma de asumir la vida, allá cada quién.

Desde que estamos juntos, para mí se acabaron las noches de pies fríos, las mañanas sin ronquidos, la soledad de las ideas, las palabras atragantadas, las lágrimas sin consuelo, los abrazos al aire, la unidireccionalidad, la rutina, monstruos de miedo, el lavamanos sin pelos

Para nosotros ha sido una suma, un juntar alegrías, soluciones, tiempo y palabra, sueños, ideales, ganas, fuerza, vida. Y esto siempre ha superado, y por mucho a lo no tan chévere que hayamos pasado.

Más de dos décadas de conocernos y nos seguimos amando. Muchísimo. Mucho más que hace algunos años. Para nosotros el matrimonio, alias convivencia o arrejunte, ha sido un triunfo con la vida y con nosotros mismos. Un elogio a la vida.


lunes, 7 de octubre de 2013

El placer del APRENDIZAJE DESCARADO

Aprendimos a ver la autoridad más que con respeto con temor, con terror a veces y unas muy pocas con admiración o cariño.

Nuestras relaciones se construyeron en la verticalidad de la vida, quien sabía tenía poder, el cual podía ejercer sobre quienes no lo tenían, y estos estaban condenados a este círculo, del que alguna que otra vez conseguían salirse abordando el conocimiento, el estatus o el nivel para hacer lo mismo que sus antecesores.

El poder, ejercido con fuerza en la mayoría de veces, otras pocas con la razón y mínimamente con el afecto. Casi siempre por la fuerza, una fuerza que esconde miedos, inseguridades, recelos, rabia...

Y recuerdo tantos profesores que le cachan a este esquema: el de violín que me hacía llorar en cada clase a los 8 años, el de gramática que parecía un nazi, la bruja de inglés, el de natación que solo sabía gritar, la de matemáticas que cortaba el aire con su presencia, el de ética pelética peluda que era de lo más deshonesto y hacía con las notas lo que se le daba...

Mi padre fue docente universitario toda la vida, al igual que mis tíos, así que crecí en medio de profesores. Aprendí que antes que nada, antes que todo, son seres humanos con todo lo que eso conlleva; que no son ni más ni menos, que cuando enseñan con gusto lo que saben uno realmente aprende, que están en su proceso, como todos.

Pero a pesar de eso siempre sentí terror en las evaluciones, especialmente las orales, en las que no había opción de borrar, de revisar de repetir. Pero en este caso se abre una ruta de doble vía, por un lado está el profesor, por otro está uno... Uno con todos sus miedos, inseguridades, falta de autoestima, falta de estudio y miedo al error.

Y ese es otro de los puntos claves. Hemos aprendido a mirar tan mal el error! Tememos equivocarnos por miedo a la burla, al ridículo, por el qué dirán de los demás, por sentirnos inferiores o incapaces; pero al final de cuentas nada de esto debe ser la realidad, la realidad está en nuestra cabeza y nosotros creamos la realidad que deseamos. El error es primero que todo, eso, un error, un paso en el camino, un "estoy aprendiendo" y "no me las sé todas", es encontrar fallas y un mecanismo para superarlas.

Hasta hace poco sentía mucho miedo en los exámenes. Mala cosa, porque entre más nervioso esté uno, más mete la pata. Pero eso ha ido cambiando hasta el punto en el que estoy hoy. En las clases tengo que tocar o solfear o cantar algo todo el tiempo. No puedo decir que todo está superado, hay algunas cosas que particularmente aun me molestan mucho, pero en general, estoy pasando por una placentera etapa de aprendizaje descarado.

Tal y como suena, descarado, desfachatado. Que si estudiaron, sí, no nooo? pues no, no estudié, ni modos, no tuve tiempo. Que si me equivoco, pues sí, no lo he estudiado lo suficiente y soy la primera en reírme, que si me va mal en un examen pues sí, y? a estudiar y ya. Que el profesor es malgenietas... me lo aguanto, no me lo aguanto, ¡no me lo aguanto! cancelo la materia. Que hago recocha en clase (sin interrumpir el proceso de los demás, eso sí, hay que respetar), que le tomo del pelo a los profesores, que me río de todo lo que puedo comenzando por mí. Que si no entiendo digo "no, no entendí", sin pena ni gloria.

Temerle al profesor? Qué tontería, cómo hace uno para aprender si tiene miedo? Aprender por miedo? No, luego se olvida. Aguantarse el maltrato de un profesor? Noo, no vale la pena, que vaya al psicólogo y vuelva luego a enseñar.

Nada como aprender de alguien que hace las cosas con gusto, con pasión, con amor, con humor.
Nada como aprender sin miedos, sin temer al otro, ni a uno mismo.
Nada como aprender en confianza, sabiéndose en proceso y aprendiendo del error.
Así, descaradamente.