
Y así han pasado casi dos años; 5 meses desde el destete, mi bebé ya no es tan bebé, ya es más un niño que aunque le encanta que lo abrace y lo duerma, es bastante independiente, es capaz de bañarse, vestirse, comer solo, sin ayuda. Es un niño, hermoso. Pero en mí vuelve la necesidad física de tener un bebé, mis entrañas lo gritan fuerte y claro... hablo con Fabián, le explico que cuando estoy sola sentada en un bus me siento extraña y al revisarme buscando el por qué, encuentro que no tengo un bebé ni en mis brazos ni en mi panza; que sé perfectamente, racionalmente hablando, que con los hijos que tenemos hay vida por todas partes y en muchas formas, que sé que no debería pensar en tener otro hijo, y él me dice que yo para la maternidad no soy racional... y me desarma, no hay otra explicación, tiene toda la razón, para la maternidad no soy racional, soy instintiva, animal, física, básica, puro cerebro reptil.
Y ya siendo conciente comienzo el duelo a mi maternidad, a ver, aun más, tooodo lo que tengo con los hijos que ya están, con todo lo cambiaría si llegara un nuevo habitante a esta casa y especialmente a mi vida, ya que va siendo hora de crecer y desarrollarme un poco más en otras áreas. La maternidad ha sido también una forma de evadir, de aplazar, de esconderme. He aprendido tantas cosas con mis hijos, nunca pararé de hacerlo, pero algo tiene esa primera infancia que no quiero soltar...
Cuando voy por la calle y veo a los bebés llorando desconsoladamente en el cochecito, pensando que tal vez los padres no conocen el porteo, o cuando veo que a un bebé le están dando biberón no puedo dejar de pensar que tal vez a la madre no le enseñaron todas las ventajas de la lactancia, o tanto pañal desechable cuando ahora los de tela son fantásticos, o las estupideces que les dicen a las mujeres embarazadas fruto de la ignorancia popular, o el pensar que un antibiótico o un analgésico son la cura a todo mal porque ya no saben de las plantas y sus bondades, porque lo que no se vende etiquetado y con grandes anuncios en los medios masivos de comunicación pareciera que no existe, para la mayoría.
Así que comprendo perfectamente que no es el momento de otro bebé y cada vez soy más conciente y calmada con el tema... pero qué hago con toda esta información que tengo (y que considero valiosa) y que no puedo refrenar?
Cuando era niña, quería ser médica, una médica de pueblo, para sentir a la gente cerca y poder acompañar y ayudar a encontrar salud y bienestar. Cuando llegó el momento de decidirme hacía rato había dejado eso a un lado, una carrera demasiado extensa (con la especialización), costosa (de no ser en universidad pública en la cual los puestos son peliados), y en decadencia (como profesión, deshumanizada y económicamente desalentadora). Así que digo hoy, maravilloso poder estudiar para ser doula o partera... pero como con Iryna, aquí de eso no hay. Dentro de la 'nueva maternidad' el rescate de las parteras y comadronas son un punto fundamental. Alguien conoce opciones, instituciones (ojalá a distancia o semipresencial)? Bueno, ese no era el tema del post, pero pienso que esta sería una forma de canalizar positivamente mi "adicción" a la maternidad.